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RAPACES en el Parque Natural de Cazorla

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RAPACES en el Parque Natural de Cazorla

(Parque Natural de Cazorla - JAEN)
Ave de presa, rapaz o depredador, estos son los tres nombres dados generalmente a las águilas, los ratoneros, los halcones, las lechuzas y los búhos. En realidad, también podrían aplicarse perfectamente tales denominaciones a las golondrinas, a los papamoscas y a las currucas: unos y otros se alimentan de animales vivos. La diferencia estriba en el tamaño de la presa: un águila captura pequeños mamíferos o aves; una curruca come insectos. Es una costumbre generalizada la de llamar rapaces a las aves de pico ganchudo y patas provistas de garras aceradas. Pero, para el ecólogo, la golondrina común y el gavilán forman parte de la misma categoría: son todos depredadores, es decir, animales que se alimentan a expensas de otras especies.

Todos los tamaños

Se conocen unas 274 especies de rapaces diurnas en el mundo y no faltan en ninguna parte, salvo en el continente antártico y en numerosas islitas. Los más grandes depredadores son el cóndor de California (datos máximos: 3,20 m de envergadura; 13,5 Kilos) y el quebrantahuesos de Asia central (datos máximos 1,50 m. de longitud; 3,30 de envergadura). Los más pequeños son los halconcillos de África y de Asia meridional, que no sobrepasan 14 ó 15 cm. de longitud y pesan alrededor de 50 g. Los técnicos han puesto a todas las rapaces diurnas en un mismo grupo llamado orden de las falconiformes; este orden se divide en varias familias para tener en cuenta ciertas diferencias de estructura. Tenemos la familia de los accipítridos, la más importante, con 208 especies (águilas, ratoneros, gavilanes, etc.), la de los falcónidos (58 especies de halcones), la de los pandiónidos (1 especie: el águila pescadora), la de los sagitáridos (1 especie: el serpentario) y la de los catártidos (6 especies de buitres americanos).

Todas las rapaces diurnas poseen pico ganchudo y patas terminadas en dedos provistos de garras agudas, cuya forma varía un poco en función de su régimen alimenticio. La mayor parte mata a sus presas con sus garras, que clavan en la carne, sirviéndose del pico para rematarlas y, sobre todo, para despedazarlas. Los halcones, por el contrario, utilizan el pico para matar. Sus presas, que capturan vivas (a excepción de los buitres y de algunas otras especies), deben ser atrapadas por sorpresa.

Por otro lado, su visión excelente supera, a menudo, a la del hombre por su precisión. Tienen ojos enormes, los del ratonero común son tan grandes como los del hombre, el cual pesa de cincuenta a sesenta veces más... Se admite que algunos tienen una agudeza visual dos o tres veces mejor que la nuestra, puesto que distinguen pequeños animales a una distancia a la que el hombre no puede discernir nada. Un ratonero africano puede localizar un saltamontes de 2,5 cm. de longitud a 100 m. de distancia, mientras una persona no podría distinguir un objeto del mismo tamaño a más de unos 30 metros y, lo que es más, siempre que estuviese bien a la vista y no escondido entre la hierba...

Dueños del espacio

Se ha dicho que las rapaces diurnas atrapan sus presas por sorpresa. A veces, les es preciso perseguirlas largo tiempo, acecharlas y espiarlas pacientemente sobre las montañas, sobre las praderas o sobre los bosques. Para eso, deben ser aptas para volar muy rápidamente o, en otro eso, para planear durante horas. Sus alas tienen, por lo tanto, una forma diferente según su género de vida. Las de los halcones, aves rápidas, son generalmente estrechas y puntiagudas; las de los gavilanes y los azores, mucho más anchas, y las de los buitres, a la vez largas y anchas. Estos últimos se desplazan aprovechando corrientes de aire caliente ascendente. En unos diez minutos, pueden pasar de 1.500 a 3.500 m. Después de tomar altura, descienden en vuelo planeando a una velocidad que alcanza 80 Km/hora. En África, uno de ellos recorrió 32 Km. de este modo, perdiendo solamente 520 m de altitud durante este largo descenso.

Las  rapaces diurnas europeas son, en su mayoría, sedentarias o, a lo sumo, vagabundas tras el período de reproducción. Pocas de ellas se dirigen a África, al sur del Sahara. En cambio, en el interior de Europa, numerosas especies forman parte de la categoría de las migratorias parciales; esto significa que los individuos que anidan en el norte y el este del continente son migradores, mientras que los del oeste y del sur son sedentarios, debido a que el clima es más suave. Por esta razón, vemos más ratoneros, más gavilanes y más azores en otoño y en invierno que en la primavera, puesto que los países de la Europa del oeste acogen a estas aves que huyen del frío de la Europa central y oriental. Numerosas recuperaciones de aves anilladas lo han demostrado. Así, pues, no hay que hablar de una multiplicación excesiva de los ratoneros, sobre todo en el este, sino, más bien, de una afluencia temporal. Se observa, además, que, en esta época, se aproximan a las carreteras, donde encuentran y devoran animales atropellados por los automóviles.

Las que ven de noche

Las rapaces nocturnas (búhos y lechuzas) forman el orden de las estrigiformes, que reúnen alrededor de 131 especies repartidas en dos familias: la de las lechuzas (titónidos) con 10 u 11 especies, y la de los estrígidos (121 especies), que agrupan a todos los demás búhos y mochuelos. Salvo en el Antártico y en cierto número de islas, se les encuentra en todo el mundo. La mayor de estas aves es el búho de real o gran duque, que alcanza 72 cm de longitud, 1,80 m de envergadura, y pesa de 2 a 3,2 kilos. El más pequeño es un mochuelo de América del Sur, que mide solamente 12 o 12,5 cm de longitud en la edad adulta y cuyo peso viene a ser de 30 g. ) Cómo distinguir los búhos de los mochuelos? Los primeros poseen copetes, mechones de plumas situados a los lados de la cabeza, que se alzan o se bajan a voluntad. La mayor parte de las rapaces nocturnas merece n su nombre, puesto que cazan de noche, pero algunas, capaces de desplazarse en pleno día, son a la vez diurnas y nocturnas. En Europa se incluyen en este grupo el mochuelo común, la lechuza campestre, la lechuza gavilana y el búho nival.

Comparadas con las rapaces diurnas, búhos y mochuelos tienen un plumaje inflado, blando, que las hace parecer mayores de lo que son en realidad. Su cabeza es voluminosa, redondeada, y sus ojos están rodeados de pequeñas plumas en abanico, que constituyen los discos oculares. Por regla general, sus patas, más o menos emplumadas hasta los dedos, terminan en garras encorvadas como las de las rapaces diurnas. El pico es también ganchudo. Estos son los únicos caracteres comunes a los dos grupos que, por otro lado, no tienen ningún parentesco verdadero.

Un vuelo silencioso

Al contrario de las rapaces diurnas, que tienen los ojos situados a los lados, los grandes ojos de las rapaces nocturnas se encuentran en la cara. El inconveniente que resulta de esta posición es paliada por la movilidad de su cabeza, que puede girar 270 grados aproximadamente. Otra particularidad: sus ojos no son globulosos, ya que su parte anterior (córnea) es muy prominente. Esta forma les permite captar los menores rayos de Luz para localizar a sus presas en la oscuridad. Finalmente, gracias a su plumaje, se desplazan muy silenciosamente, lo cual permite a su finísimo oído captar los menores ruidos.

Una consideración merecida

Se empieza a comprender que las rapaces representan un elemento esencial de las comunidades naturales de que forman parte. Esta es la razón por la cual son protegidas todas por la ley. Hasta una época muy reciente, eran consideradas como enemigas por los cazadores, que veían en ellas a peligrosos competidores. Estudios muy numerosos de los regímenes alimenticios han demostrado que ninguna rapaz diurna que viva en su ambiente de origen ha hecho desaparecer nunca ninguna de las especies de las que se alimenta. Las quejas que se presentaban o se presentan todavía contra ellas son generalizaciones apresuradas, que no se fundan nunca en observaciones de larga duración.

Por haber visto a un ratonero comiendo un conejo silvestre, uno se imagina que esta ave los devora todos los días. Del mismo modo, se sospecha que los aguiluchos diezman los perdigones. Esta es la prueba de una ignorancia absoluta de la biología de estas aves. Se olvida que las rapaces viven a expensas de una gama de presas muy amplia y que es precisamente por esta razón por la que su influencia permanece moderada en cada una de ellas. Ciertas quejas contra las capturas de animales de caza demuestran que éstos tienen una densidad absolutamente exagerada; si son incapaces de defenderse, se les debe comparar a las aves de corral, más que a las especies silvestres.

Planeadoras maravillosas, campeonas de velocidad o cazadoras nocturnas, las rapaces suscitan nuestra imaginación por la belleza de sus formas y por la facilidad con que evolucionan por los aires. Su desaparición sería una pérdida capital para la naturaleza.

Ave de presa, rapaz o depredador, estos son los tres nombres dados generalmente a las águilas, los ratoneros, los halcones, las lechuzas y los búhos. En realidad, también podrían aplicarse perfectamente tales denominaciones a las golondrinas, a los papamoscas y a las currucas: unos y otros se alimentan de animales vivos. La diferencia estriba en el tamaño de la presa: un águila captura pequeños mamíferos o aves; una curruca come insectos. Es una costumbre generalizada la de llamar rapaces a las aves de pico ganchudo y patas provistas de garras aceradas. Pero, para el ecólogo, la golondrina común y el gavilán forman parte de la misma categoría: son todos depredadores, es decir, animales que se alimentan a expensas de otras especies.

Fuente y derechos: José Gómez Muñoz, "El Último Edén"